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La gastronomía guayaquileña con sabor a puerto

Ser puerto está en el ADN de Guayaquil. La ciudad no solo mueve más del 80% de la carga del país, entre importaciones y exportaciones, sino que por siglos ha atraído a diversas culturas.

Por Henry Jara • • Infomercado en Google +
2 minutos
En los mesones de este mercado, anclado junto al río Guayas, la gastronomía tiene sabor y aroma a puerto.
En los mesones de este mercado, anclado junto al río Guayas, la gastronomía tiene sabor y aroma a puerto.
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Los mares del mundo han confluido en este golfo, donde se arraigaron italianos, libaneses, chinos y más. También se ha convertido en el destino permanente de ecuatorianos de todas las regiones. Esa mezcla de ingredientes culturales enriquece su cocina.

Para Santiago Granda, la esencia culinaria de Guayaquil echa anclas en sus esteros. Del manglar salen sus productos icónicos: el cangrejo rojo y la concha. “Sin ellos Guayaquil no existiría en cuanto a gastronomía, porque por las noches es la ciudad de los cangrejales y por las mañanas, de los cebiches”.

Fuente de sabores

Su salida al mar es otra fuente de sabores. La parroquia rural de Posorja reúne a buena parte de la industria atunera. Y muy cerca del área urbana se siembra camarón de alta calidad. Guayas, la provincia que la acoge, es además la huerta que da productos como el cacao, el plátano y una variedad de frutas.

En los mesones de este mercado, anclado junto al río Guayas, la gastronomía tiene sabor y aroma a puerto. Esa identidad de la gran urbe arde en las rebosantes ollas, que siempre tienen ‘un poquito más’ para los clientes de buen diente.

Restaurantes familiares y huecas

El intenso ajetreo contrasta con la pasividad del Guayas. Sus aguas atraen como un imán a decenas de lanchas que arriban cargadas con atados de cangrejos y sacos de concha prieta después de surcar los recónditos manglares. Y cuando el sol cae, la Caraguay se convierte en el último destino de camiones que toman la acelerada vía Perimetral para llegar directo desde los poblados costeros con dorados, corvinas, albacoras…

Por eso la oferta es inmensa en restaurantes familiares, picanterías, huecas, carretas. Esa diversidad ha hecho que su menú sea cada vez más flexible y versátil, aunque el guayaquileño es bastante tradicional: prefiere el plato lleno, los sabores intensos y que le den la oportunidad de repetir.