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Universidad de Cuenca construye equipo para transformar basura en electricidad

Este equipamiento está en operación desde hace un mes y se encuentra instalado en el Campus Balzay, junto al Centro de Investigación de Ciencias Forenses (CICF), en San Joaquín.

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La Universidad de Cuenca creó un equipo que tiene un reactor de digestión anaerobia (sin oxígeno) y un sistema que es capaz de transformar basura orgánica, y excrementos humanos y animales, en energía eléctrica.
La Universidad de Cuenca creó un equipo que tiene un reactor de digestión anaerobia (sin oxígeno) y un sistema que es capaz de transformar basura orgánica, y excrementos humanos y animales, en energía eléctrica.
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La Universidad de Cuenca creó un equipo que tiene un reactor de digestión anaerobia (sin oxígeno) y un sistema que es capaz de transformar basura orgánica, y excrementos humanos y animales, en energía eléctrica.

Juan Fernando Cisneros, ingeniero civil, PHD y catedrático de este centro de estudios superiores, es el creador de este proyecto, que representó una inversión de cerca de $100.000 dólares. Estos recursos fueron producto de un canje de deuda con España, pues este país apoya las iniciativas que ayudan a reducir la contaminación al medio ambiente.

Funcionamiento del equipo

Cisneros explicó que este equipo funciona en base a un fenómeno natural y degrada los desechos, que son previamente triturados y mezclados con agua. Produce biogás, un gas, que es una mezcla de dos elementos: dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4). Aprovecha este último, que es altamente combustible, para generar la electricidad.

Actualmente este equipo experimental de la Universidad de Cuenca utiliza heces de animales, que son transportadas desde las granjas que tiene esta institución. Tiene capacidad igualmente para procesar aguas residuales, que salen de las viviendas y que son bastante contaminantes cuando no reciben un tratamiento adecuado.

Opera con el mismo método que emplea la Empresa de Aseo de Cuenca (EMAC EP) en su planta de biogás, en el Relleno Sanitario de Pichacay, donde produce energía eléctrica desde 2017.

Cisneros detalló asimismo que un equipo como estos puede ser usado en urbanizaciones y condominios, donde los habitantes envés de arrojar los derechos a la basura los usen para producir electricidad. “Esta energía podría regresar a las casas para generar por ejemplo agua caliente para las duchas o energía para prender sus artefactos eléctricos…”, dijo.

Partes del funcionamiento

Dispone de un gran tanque de fibra de vidrio, que está revestido con aluminio, para conservar el calor. En este pueden ser depositados los desechos, que en unos siete días se transforman en el biogás.

Al interior de este depósito hay una tubería, que está colocada en espiral por donde circula agua caliente, que es la que ayuda a que se mantenga la temperatura, para acelerar el proceso de descomposición.

Tiene una capacidad para dar electricidad a unas 50 viviendas, pues produce unos 10 kilovatios por hora (Kw/h). Un inmueble en promedio utiliza al año unos 1.400 Kw/h.

Pablo Izquierdo, arquitecto, constructor e investigador en energías limpias, considera que efectivamente estos equipos pueden ser muy bien utilizados en complejos habitaciones, pero hay una limitación: el costo.

Izquierdo cree que además del factor económico se debe tomar en cuenta su gran beneficio ambiental, pues ayuda a reducir considerablemente la contaminación al planeta.

“Pero si los constructores comenzamos a considerar el uso de estos equipos, aunque sea en pequeña y mediana escala, el precio bajaría y podrían ser más accesibles…”, manifestó.

Conservación del medio ambiente

Según explicó Juan Carlos Patiño, ingeniero químico e investigador, el metano, que es aprovechado por este equipo, es uno de los principales Gases de Efecto Invernadero (GEI). “Debemos saber que estos gases aparte de agravar la crisis climática que vive el mundo, deterioran aceleradamente el aire y producen efectos nocivos e irreversibles para la salud humana…”, señaló.

Dijo que el metano tiene 80 veces más poder que el CO2 para calentar el planeta y está considerado como el responsable de al menos el 25% del calentamiento global.

“Debe ser el Estado el que apoye estas iniciativas para cada vez transformar los gases que son negativos para el planeta en productos que resulten de beneficio para la humanidad…”, concluyó.

El Mercurio