Solo una pila de reloj puede llegar a contaminar 600.000 litros de agua, pero si se trata de una batería, sea de vehículo o motocicleta, es altamente tóxico para el medio ambiente cuando se libera el plomo.
Sin embargo, estas baterías se pueden reciclar casi en su totalidad y ya van más de 17.000 toneladas que se han aprovechado durante el 2022, según Ghislaine Lino, coordinadora general de BAPU (Baterías Ácido Plomo Usadas).
Iniciativa BAPU
Esta recolección se realiza a través de la iniciativa BAPU, una corporación sin fines de lucro conformada por empresas del mercado de baterías que buscan reciclar el 80 % de todos los artefactos vendidos.
Estas acciones están detalladas en el acuerdo ministerial 034 del Ministerio del Ambiente y que está vigente desde el 7 de octubre de 2021.
“Este acuerdo exige que se garantice la gestión de las baterías de ácido plomo, pero bajo el marco de responsabilidad extendida del productor, por lo que las empresas productoras decidieron conformar este sistema”, explica Lino a diario El Universo.
Su reciclaje se inicia con el consumidor final, que entrega la batería usada a los establecimientos. Luego va hacia un gestor de transporte y es llevada a la planta de aprovechamiento para recuperar sus componentes como plomo, polipropileno y electrolito.
“Su proceso de reciclaje consiste en que las baterías recolectadas ingresan a un sistema de molienda, el cual por vía húmeda separa los materiales de plástico, pasta, metálico y electrolito que luego es bombeado al tratamiento de aguas industriales”, dice Lino.
Separación de residuos
Y agrega que el electrolito, separado de las baterías, pasa por tuberías hasta un silo de decantación con la finalidad de separar la pasta de plomo. Luego, esta solución electrolítica es neutralizada con hidróxido de calcio para ser enviada a un gestor de aguas residuales industriales.
Después, el polipropileno, resultado de la trituración de baterías, entra a una línea de fabricación de pellets; y la pasta de plomo y metales, mediante una fundición secundaria, se convierte en plomo bruto. “Y se genera escoria, una sustancia que se debe entregar a confinamiento como residuo peligroso”, indica Lino.
En Ecuador, cada año se fabrican cerca de 1,2 millones de unidades de baterías de ácido plomo. Al tener un elemento químico puede producir una intoxicación en adultos y en menores de edad. De hecho, la intoxicación por plomo afecta a 1 de cada 3 niños en el mundo, según datos de la iniciativa.
Para Verónica Manrique, subdirectora de Áreas Verdes del Municipio de Guayaquil, la contaminación por baterías radica en el tratamiento incorrecto de los desechos.
“Una vez que se cambia la batería del automóvil no se la entrega a un gestor autorizado, que tiene una licencia ambiental porque estamos hablando de un desecho peligroso. La batería de ácido plomo tiene un porcentaje de aprovechamiento alto, por eso es importante entregar a un gestor”, apunta.
Entrega de material
Durante las acciones de limpieza que realiza esta dirección ambiental como, por ejemplo, en el estero Salado no han encontrado baterías, pero en caso de presentar, señala que el paso adecuado es entregarlo a personas autorizadas. “Baterías no, sí televisores. Las baterías no son un residuo constante, pero no me extrañaría que en algún momento hubiera habido”, indica.
En tanto, desde agosto pasado empezó a implementarse el ecovalor batería, un cobro adicional en la compra de estos artefactos para financiar campañas de sensibilización.
Se cobran desde $0,15 para baterías de moto y $0,25 para baterías automotrices. Esta acción es avalada y supervisada por el Ministerio del Ambiente. Se aplica en los negocios que comercializan baterías solo para motos y vehículos montacarga. “Es bajo el lema quien genera el residuo, debe pagar”, asegura Lino.