Sectores

El “Mexicano” llevó a Vilcabamba la comida de su país

Raúl Hernádez Báez, llegó hace 18 años a la parroquia Vilcabamba, situada a 39 km de la ciudad de Loja. Él y su esposa Liliana Delgado Jiménez, son los mentalizadores para que turistas locales, nacionales y extranjeros, no tengan que viajar a Mexico y saborear los diferentes platos típicos de ese país.

6 minutos
Tiene en mente desarrollar el proyecto la “Casa del Mexicano” como un lugar familiar con senderos y que los visitantes observen el modo de trabajo y de producción.
Tiene en mente desarrollar el proyecto la “Casa del Mexicano” como un lugar familiar con senderos y que los visitantes observen el modo de trabajo y de producción.
Publicidad

El “Mexicano” es un local de comidas ubicado en Vicabamba, Sur del Ecuador, que inició sus actividades luego de la pandemia Covid-19. La gastronomía es orgánica y cada fin de semana se ofertan nuevos sabores y alimentos de diferentes estados de México.   

Raúl Hernádez Báez, llegó hace 18 años a la parroquia Vilcabamba, situada a 39 km de la ciudad de Loja. Él y su esposa Liliana Delgado Jiménez, son los mentalizadores para que turistas locales, nacionales y extranjeros, no tengan que viajar a Mexico y saborear los diferentes platos típicos de ese país.

Él dice ser un “Chilango” (una expresión muy usual para referirse a una persona oriunda de Cuidad de México). Cuenta que estudió el colegio en Estados Unidos: allá una ciudadana norteamericana que lo acogió en su casa vino de turismo a Vilcabamba, lo invitó un par de semanas, pero él se enamoró de “Vilcatrampa”, como lo denomina.

Apasionado por los restaurantes

Durante los 18 años radicado en el “Valle de la Longevidad”, tuvo varios restaurantes en la parte central de la parroquia. Comenta que se quedaron en confinamiento en México durante un año por la pandemia del Covid -19, después de acudir a un aniversario de sus padres. En ese entonces tuvo que cerrar su último local de comida y sus pertenencias almacenarlas en su casa, porque la situación se volvió compleja.

Fue allá como inició todo. Pensaron en abrir un local de comida mexicana pero no estaban seguros de regresar al Ecuador. Ya cuando abrieron las fronteras y todo mundo empezó a viajar y retornar a sus lugares de origen, se les vino en mente estudiar y recorrer cada pueblo del país azteca y visitar las familias tradicionales para conocer el plato típico de cada lugar.

Su esposa Liliana se especializó en yerbas, es decir plantas medicinales que en México las utilizan para los condimentos. Ella es la cocinera principal del negocio, es lojana pero cuando va a México, es la encargada de cocinar a sus familiares durante las fiestas patrias en ese país “algo anecdótico”, dice entre risas.

Adecuaciones en su hogar

Cuando llegaron de nuevo a Vilcabamba, decidieron hacer de su hogar un local de comida mexicana y evitar pagar altas sumas de dinero por alquiler de locales en la zona céntrica. En el «Mexicano» iniciaron con dos mesas y ofreciendo una gastronomía netamente mexicana, todo preparado a mano “nada de microondas, todo en olla de barro”, para obtener el verdadero sabor de la comida de mi país, expresa Raúl.

Comenzaron con un solo día de atención (pensaron que era servicio exclusivo, pero en realidad era porque cocinaba en su cocina casera). Pero la novedad fue creciendo y ahora es otro el panorama. Aunque aclara que la comida del país azteca “no son nachos, ni burritos”.

A inicios solo estuvieron él su esposa y su mejor amigo. Luego contrataron a una persona a quien le dijeron “hay trabajo, pero no con buena remuneración porque estábamos probando”. Sin embargo, la demanda creció y necesitaron de más ayudantes. En la actualidad trabajan entre 5 a 18 personas, dependiendo de la demanda o los servicios contratados.

La atención es viernes, sábados y domingos, en horario de 12h00 a 21h00 y requieren de un grupo jovial de trabajadores porque son jornadas fuertes.

Variedad en platos nativos de México

En el local se encuentra una diversificación de la comida mexicana con un menú dinámico de los estados de Oaxaca, Nayarit, Chiapas, Sinaloa, entre otros. “Tratamos que la gente llegue y deguste diferente plato cada fin de semana y “poder explicar de qué cultura es y qué se necesita para poder preparar, manifiesta.

Los precios varían y aunque no son tan bajos, se ajustan a los bolsillos de los visitantes: los tacos de entre $ 8 y $ 10 dólares; platos a la carta de $ 12 y $16 dólares. Hernández aduce que los costos van relacionados y acorde a cuantas personas trabajan para obtener el producto final. Por ejemplo, domingo y lunes hacen la nixtamalización del maíz, luego molida y después las tortillas.

Los Chiles los trae desde México, viaja cada 3 meses y poder asegurarse que el producto sea de alta calidad. En el tema de ají, aunque en un inicio los clientes no comían mucho, ahora el consumo es más elevado, aunque señala que no toda la comida contiene picante.

El local puede recibir un aproximado de 60 personas. Se ubica en el sector Mollepamba, a 3 minutos del parque central, vía que conduce a la Estancia del Adulto Mayor «Los Huilcos». La atención es viernes, sábados y domingos, en horario de 12h00 a 21h00 y requieren de un grupo jovial de trabajadores porque son jornadas fuertes.

Vilcabamba un lugar para vivir y trabajar

Sostiene que la experiencia en Vilcabamba ha sido increíble, aunque ama a su país, prefiere una y mil veces “El Valle de la Eterna Juventud”, por ser un lugar pequeño y tranquilo. Aquí conoce a todos y se relaciona mucho, en comparación a la capital mexicana donde cuenta con una población de más de 9 millones de habitantes.

Él, ha tenido ofertas de abrir más puntos en otras ciudades, pero menciona no es fácil poner un nuevo local y ponerse a vender comida mexicana. “Me han dicho tapa en nombre para que no roben. Quien lo robe y lo reproduzca tal cual, me saco el sombrero y le aplaudiré”, enfatiza.

Tiene en mente desarrollar el proyecto la “Casa del Mexicano” como un lugar familiar con senderos y que los visitantes observen el modo de trabajo y de producción. Aquí también se encargan de cultivar las hortalizas y frutas para la preparación de las comidas. “Queremos hacer una comida 100% como lo hacían antes en México y también en el Ecuador. Por ejemplo, los frejoles negros, es mejor en olla de barro cocinado a leña y no a presión y con gas”, concluye.

Actualmente, realizan adecuaciones en el local para que los clientes se sientan relajados y puedan hacer de la visita una experiencia única.